
Que le bajen los gringos. Sus dos muchachos, agredidos por un cualquier pistolero son los responsables de la muerte de Jaime Zapata y mal herido Víctor Ávila. Les suena algo nombre y apellido, serán exmexicanos, pochos o nuevos estadounidenses.
Los han hecho héroes las autoridades estadounidenses. Incluso hubo algunos “expertos’’ en crimen organizado y narcotráfico –sigo diciendo lo mismo, qué es eso- compararon la agresión con el secuestro, tortura y muerte de Enrique Camarena Salazar “El Kiky’’.
Aquí en este espació sostuvimos claramente que se estaban “volando’’. Pues ahora resulta que es así. “El Kiky’’, en serio, recurran a la historia, era un sucio elemento de la Drugs Enforcement Agency (DEA) de Estados Unidos que hizo negocios con los cárteles de la droga mexicanos y comentaba a sus superiores que investigaba a favor de la libertad.
La película de él. ¡Por Dios! Es una verdadera mentira convertida en mito, como es común allá tras la frontera norte –de ellos el sur- porque, de verdad que si quieren descubrir la neta, solo habría que levantar la alfombra de Camarena Salazar y la suciedad no pararía de salir.
No se habla en vano. Están las pruebas ministeriales y judiciales.
El show de los güeros ya estuvo. Salieron los mexicanos a decir que Julián Zapata Espinoza “El Piolín’’, que se identificó primero como Luis Álvarez Villarreal, jefe de un grupo de pistoleros, ni siquiera “sicarios’’ confesó que el pasado 15 de febrero, persiguieron, cerraron el paso y dispararon contra los elementos del ICE.
¿Nos es paradójico que un Zapata mate a otro Zapata?
La Razón. Que se trasladaban en un vehículo con características similares a las que usa otro grupo de una banda rival que quiere apoderarse del narcomenudeo en San Luis Potosí.
El móvil fue la “confusión’’.
Y entre los nueve detenidos participaron, aceptó “El Piolín’’ que dispararon contra el occiso Jaime Zapata y el sobreviviente Víctor Ávila: Jesús Iván Quezada Peña “El Loco’’ y Rubén Darío Venegas –ilustre nombre, pero no nicaragüense- identificado como “El Catracho’’.
Eso quiere decir que ni los empleados estadounidenses de agencias antidrogas, política y migratorias del vecino país, pelan sus famosas “circulares’’ de que no viajen por carreteras mexicanas.
CONTRADICCION DE TESIS
¿Cuántos mexicanos transitan por el país donde nacieron a bordo de camionetas de esa naturaleza?
Ahí está el mensaje.
No es lo mis rodar con vehículos que no llamen la atención, austeros o pobres por carreteras nacionales, para no ser confundidos como funcionario, potentado, industrial, empresario, pudiente o sicario.
Así es que vámonos rápido. Que los estadounidenses no hagan de esto, una empresa más para jalar beneficios al puro estilo de estatuilla de “Óscar’’.
Vale.
Rubén Torres
rtorres@eleconomista.com
miércoles, 23 de febrero de 2011
¿CUÁL CELADA O MAGNITUD GRINGA?
21:29
Rubén


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